Voy a comentar una serie de reflexiones acerca del tiempo en psicoterapia. Es frecuente que, al inicio de un proceso de psicoterapia, el paciente pregunte cuánto tiempo pasará hasta “curarse”. Esta es una pregunta que se suele eludir porque primero habría que definir qué es “curarse” y de qué hay que hacerlo. Luego, sucede que el tiempo, en términos relativos, no transcurre igual para todos.
Hace poco regresé de un período corto de vacaciones y, a la vuelta, traía diferentes preocupaciones acerca del estado en que estarían mis pacientes. Sé que hay personas, según sus circunstancias, para las que ese tiempo puede haber sido una eternidad. Para una persona en crisis habría que hacer, quizás, algunas salvedades si va a ser mucho el tiempo en que va a estar sin sesiones. Mientras, para otros, esas tres semanas han servido para sentirse reafirmados en su mejoría ya que, en ausencia del terapeuta, han podido comprobar la solidez de los cambios logrados hasta el momento. Es curioso porque esas tres semanas dan lugar a situaciones o resultados muy diversos porque, como ya he dicho, el tiempo no pasa igual para todos.
Otra cuestión es el ritmo, me refiero a la frecuencia de las sesiones. No es lo mismo la frecuencia semanal a las sesiones que se realizan cada dos semanas. El proceso y el progreso son distintos tanto en intensidad como en la evolución del paciente y sus circunstancias.
Al reincorporarme a mi trabajo era consciente de fantasías o temores diversos. En mi ausencia ¿habrá entrado alguien en crisis?, ¿habrá empeorado ante la ausencia del terapeuta?. Los pacientes ven interrumpido su psicoterapia y/o análisis personal pero no la vida y, a veces, después de tres semanas ocurren situaciones que sorprenden.
Hay personas que, tras pocas sesiones y las vacaciones de por medio, están más centradas y enfrentando situaciones que pocas semanas antes describían como imposibles de resolver. Otras vienen reforzadas porque han visto que son más fuertes y autónomos de lo que creían ser. Y la prueba ha sido el cómo se han resuelto durante la ausencia del terapeuta. Otros llegan con el ánimo de despedirse, pues han conseguido y asegurado los cambios que pretendían. Al mismo tiempo hay pacientes ante los que podemos encontrarnos la sorpresa que todo el progreso de un año de psicoterapia se ha venido abajo aparentemente. O sea, en el mismo tiempo, se puede mejorar o empeorar según de quién se trate y de cuales sean sus circunstancias
Hay otras personas que han vivido situaciones traumáticas graves con las que, por mucho tiempo que pase, corren el riesgo de venirse abajo si sucede algo grave como una pérdida, una catástrofe, un despido. Son estructuras que no tienen suficiente solidez por situaciones traumáticas vividas en la infancia y quedan en un equilibrio frágil.
Con todo esto he querido ilustrar lo complejo que resulta contestar así, de primeras, a la pregunta que planteo al inicio. En psicoterapia no es lo mismo el tiempo cronológico, en términos absolutos, que el tiempo de cada uno. He conocido a personas que han resuelto conflictos importantes después de dos años de psicoterapia, otros han sido capaces de reponerse en tres meses y otros, quizás no, van a necesitar apoyo durante un período largo de su propia vida.



